lunes, 20 de agosto de 2012

LEYENDO A MEGGET


Leyendo a Megget

Domingo a la  tarde
placita y risas
leyendo a Megget
me distraigo
hormiga sudorosa
pedregullo frágil

bisagra sin oido
de pronto se asoman

veranos  rotos
otoños de esperanza,
inviernos ardientes
primaveras  con sed


me asolan
terremotos distantes
ministerios serios
manuscritos secretos
crucigramas sin terminar


todo se desploma
aprieta el pecho
no deja  respirar
a pesar del aire fresco

el sol tibio
baña con  piedad
de repente vuelvo
como de un sueño turbio
y termino de leer:
“para que sólo sean  algas quien  los mire
porque ella la amada está hoy  ausente”.



miércoles, 15 de agosto de 2012


Crepúsculo




Que el sol ilumine
nuestro camino incierto
y cómplices sin saberlo
lleguemos juntos a destino. 


jueves, 9 de agosto de 2012







Nadie se murió de amor
fue tu última frase
el comienzo de mi noche oscura
es cierto aquí estoy
sin ti...

esperanza tenue de un farol lejano
alegría oculta en el crepúsculo
camino perdido en medio de la noche
lluvia hermosa que se muestra triste

nadie se murió de amor

es cierto aquí estoy
sin ti...

miércoles, 8 de agosto de 2012








¿Que sos?


 
El primer recuerdo de mis mañanas
el futuro que adivino antes del sueño
la soledad que se viste
de tardes que mueren
intentado encontrarte
de noches que te encuentran
y no se animan a hablarte
porque tuya es la iniciativa
la que todos los días
espera el sol
cuando nace y te ve.











Presentación del libro Registro de un amor, a cargo del poeta Javier Etchemendi.

No existe una manera de presentar este libro, no la hay. Es un libro que tiene la palabra amor en su portada y un corazón dibujado en la pared. Es casi un anacronismo, es un libro de pájaros, “tenues” dice Marauda en el prólogo. Un tratado de ornitología, entonces. Un libro de vuelos y caídas, de plumaje y biología. Un libro de mitología personal y secreta. Es el libro de un creyente, de un empedernido. Aquí no hay reflexión sobre la literatura. Sólo amor. Nada de qué asirse. Es un salto sin red. Esto es la parte privada del ritual de escribir. Este es el libro de estilo, y el estilo, ya lo decía Barthes, es siempre un secreto, un recuerdo encerrado en el cuerpo del autor.
Elogio y destrucción. Amabas cosas vertebran este poemario. Y valor. Absoluto.
Hay versos, aquí,  insoportables para cínicos como yo, versos como agujas, barcos fríos que avanzan entre una espuma de vidrio. “Mi amor por su perfil blanco consiste en correr sin salvación…”. El libro ya vale por este verso. Aunque me vendieran un mazo de hojas blancas y este verso. Verso, discurso del método de nacer y morir.
Registro de un amor, no se apea de dar cuenta de una biología y de esa necesidad que tenemos quienes hacemos poesía por estarcir un pasado en suspensión. Un pasado transparente, inocente y neutro. Químico. Una huella escrita. Hasta que el tiempo lo revela como una criptografía que recobra su contorno y se nos opone.
“Por fin
ahí estábamos
los dos como uno,
amándonos,
creándonos,
mientras el viento y la lluvia
intentaban vernos
por entre los vidrios
de aquella habitación del viejo hotel
que parecía invencible…”
Podemos quedarnos presos de la forma y de la apariencia de los recursos, vivimos en una época de formas y ruidos. Aquí no hallarán ruido ni huida. Necesitan saber que “se ama porque no se puede hacer otra cosa”, como señala ferozmente Marauda. O quizá porque la vida, como dice el autor “parece un juego de ajedrez, la majestad sencilla de un icono ruso”.
Los cínicos, somos los mejores para presentar estos libros. Decimos no creer en ellos, públicamente los denostamos, en los corrillos nos mofamos, pero en secreto... ¡Ay!
Registro de un amor, de Leonardo Rodríguez Borges. Un libro para no tener, a menos, claro que sean esos que creen en el amor.

lunes, 6 de agosto de 2012






Fuiste


Tú fuiste algún día
de esos que tienen colores
creados por nosotros 
en una habitación sin luz
y que nunca tendrán nombre

tu serás algún día
parusía de mi fe
que se asoma
con señales y prodigios
y te anuncian
en un día que no se
si existirá.